20100123 La Luna, un nexo con nuestros antepasados.

Muy a menudo en la parte personal de mi blog hablo sobre temas referentes a la astronomía… o incluyo algo referente al cosmos, y es algo obvio, es algo que me fascina y me atrae. Nuestros antepasados han debido mirar con tanto celo el cielo, que esa fascinación que ha movido al hombre hasta lo que es hoy día como si fuese un comportamiento innato, revive en mi tras muchas vidas pasadas que desconozco.

Tengo la necesidad de conocer, de ir más lejos… y es tal la necesidad a veces, que uno se monta en el tren sin comprar el billete, los estudios, y te tienes que bajar en la siguiente estación. ¿Pero sabes? siempre estas una estación más cerca, aunque no tengas el billete y te bajen cuando menos te lo esperas.

He estado leyendo mucho, suficiente como para dudar del Big Bang, como para estar de acuerdo con el señor S. Hawking y dudar de la naturaleza de los agujeros negros… leído y comparando ideas en mi inmadura mente como para llegar a la conclusión que ciertamente, ahora, no conocemos nada, ni un 0,1% de la realidad. Tan poco, como nosotros somos en el cosmos… nada.

Es obvio pensar, que al igual que las leyes que rigen lo infinitamente pequeño son distintas a las nuestras, las leyes que rigen lo infinitamente grande, también lo sean. ¿Un hexágono gigante en el polo norte de Saturno? ¿una estrella que brilla consumiendo hidrógeno que no esta a su alrededor? ¿una irregularidad cósmica donde el tiempo es cero, pero de donde sale materia prima para formar nuevas estrellas al que llamamos agujero negro?… y ahora, ¿cuásares que viajan más rápido que la luz?… están destruyendo toda realidad física a la que nos cogíamos como verdad.

¿Dónde queda lo lógico? ¿lo matemáticamente cierto? ¿la realidad? ¿Dios?… quizás Dios este más cerca de lo que pensamos.

Quizás vivamos en Matrix, es cuestión de verlo de la siguiente forma, vivimos en una región del cosmos de la que no podemos salir, y si nos acercamos al extremo, limites del sistema solar, moriremos sin contemplaciones por radiación, locura, soledad, oscuridad… en un eterno camino hacia ninguna parte. Quizás no exista nada más allá del cinturón de Kuiper, y la bóveda celeste sea una dantesca broma macabra que nos ayuda a no volvernos locos en la Tierra. Mientras que no lleguemos a los confines del Sistema Solar y no descubramos que estamos encerrados porque no podemos ir más lejos… todo irá bien.

Pero, ¿por qué iba a ser Dios tan cabrón?

A veces pienso que lo que nos empuja mirar al cielo no es el conocimiento, sino la sensación de humildad tan gratificante que obtenemos de ello. Es “tan” grande, “tan” lejano… que cuando dejas el objetivo del telescopio y buscas en tu entorno una persona, solo puedes sentirte afortunado de no estar tan solo a fin de cuentas. Es una fugaz sensación de amor y de locura cuando lo comprendes, y por eso muchos hombres y mujeres, dieron y darán la vida, por subir solo una vez al espacio.

Ohh tu, que miras cada noche la Luna llena y sientes melancolía,
¿a quién echas de menos? si no a lo único que nunca ha cambiado ante los ojos de todos tus ancestros,
la Luna.

amada-luna

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