20130417 Leopoldo Panero

Soy Leopoldo María Panero. Llevo seis años en el infernal manicomio de Mondragón. Llevo seis años sin compañía porque con los locos no se puede hablar de nada más que de potorros y de cipotes. Son todos una pandilla de follaburras asquerosos, porque yo creía que eran una pandilla de angelitos porque había sufrido mucho, sobre todo los crónicos. Pero precisamente porque han sufrido mucho son los hijos de la gran perra que me he encontrado en la vida.

“La locura no es ninguna enfermedad. No procede de ninguna deficiencia orgánica.”

Grande, muy grande Leopoldo María Panero.

Esta mañana me he despertado con un trozo de periódico, guardado como anécdota, con ese tinte de antiguo y abandonado, esperando ser compartido algún día o usado como envoltorio, titula… Madrid, capital europea de la basura. Domingo 13 de septiembre de 1992. Y en la parte posterior un texto evocador… este hombre escribe con una soltura especial, es interior, es superior, al menos en su novela, o quizás sea yo que me desperté resacoso de la otra noche por la falta de costumbre tratando de ser ejemplar, sano.

Sano en un mundo contaminado por las personas… por los pensamientos vacíos de las mismas. Y me quedo con un fragmento que me ha llamado a la imaginación lectiva… posiblemente me sienta identificado con ese ser olvidado, ese loco del psiquiátrico de Leganés.

– Esto es una cárcel y la cárcel es un manicomio. Llevo más de un año vomitando todas las noches. Por eso me levantan la cama. Para que tenga la cabeza muy alta. Es una ironía. Y si te portas bien te dan 500 pesetas. Para que calles. Para que digas que estas mejor, que te cuidan de puta madre, para que no grites te dan 500 pesetas.

Es la fuerza del tabaco. Gracias, hermano. Es muy bueno para mi mala salud de hierro. Y vuelvo a tumbarme en la cama, a pensar. No pueden quitarme esta cama. La paga la Diputación. Pueden atarme a ella. O pueden matarme mientras escribo un poema. ¿Qué poema? Llueve en la mano que ha escrito y el viento borra el poema. Y pienso en la noche.

Su oscuridad, aunque la gente sea más cruel de noche. Me gustaría poder trasnochar. Y ligarme a una tía de un bar de por ahí, llevarme a la Virgen del mocho del rellano de la escalera, no para follar, follar me aburre, para tener una mujer entre mis brazos, esta noche, sábado. Pero no es posible, dicen. Así que tengo revistas pornográficas y miro las tías y me excito un poco. Pero no me hago una paja ni loco, quiero una mujer de verdad, no me contento con Santi, que aquí nos hace una paja a cualquiera por 200 pesetas…”

Buscó un manuscrito en la estantería. Eran hojas sueltas con poemas escritos a máquina llenos de tachaduras y correcciones. Los puso sobre la cama.

“Me estremece el espejo. La persona, la máscara es ya máscara de nada. Como un yelmo en la noche antigua, una armadura sin nadie, así es mi yo: un andrajo al que viste un hombre”.

Fabuloso… este sin duda es un título que me leeré este verano, junto a las dos últimas obras de Isaac Asimov que mi mente podrán absorber  gracias a ella.

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