Brisa en las Copas. Cap.1

Este escrito es un fragmento introductorio de un trabajo bastante más extenso que voy haciendo poco a poco cuanto tengo algo de tiempo e inspiración. El motivo de subirlo es que cada día que pasa y conozco más personas me doy cuenta que la enfermedad de la primavera va tomando más y más víctimas, y este año parece que he sido una de ellas (se entenderá al leerlo).

Por otro lado quería hacer mención a Laura Miras V. por un escrito de desahogo que leí tuyo por Face y que estoy seguro recordarás porque fue MUY extenso. “Si, escribir no es nada fácil, las ideas casi siempre son buenas pero plasmarlas es más complicado de lo que la gente piensa, a veces el esfuerzo no es suficiente sin una buena crítica de los demás. Porque por ejemplo yo puedo ver como una película todo lo que escribo y bastante más, pero el reto es hacer que quien lo lee vea también esas escenas y si es posible, le guste hasta querer saber más”.

Dicho esto a ver que os parece, seguro que tiene faltas de ortografía, pero dado que no soy erudito en letras espero que las dejéis pasar o las comentéis por privado antes de lapidarme jej.

Os dejo el enlace de descarga en pdf, lo recomiendo porque así es más cómodo de leer. Espero comentarios y compartidos por facebook mínimo. Gracias a tous, a lot of xD

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Brisa en las copas.

Los arbustos discurrían a gran velocidad al otro lado de la ventana, a lo lejos las montañas y las nubes apenas se movían y una extraña melodía tocaba en el coche, “In my secret life…” Todo parecía ajeno a su realidad cotidiana, pero era a la vez tan necesario como respirar, necesitaba de aquellos momentos íntimos consigo mismo mientras viajaba.

Olvidar su vida, sus obligaciones, incluso olvidarse de sí mismo. Era mágico sentirse vivo y era algo que no sabía describir pero que ciertamente intentaba. El mundo era hostil, inclemente, codicioso, repleto de bandidos, y lo peor del día fue admitir que era algo que no iba a cambiar nunca. No así.

Con el paso de los años todo cuanto le rodeaba parecía derrumbarse lentamente, vivir aún era algo maravilloso, sentir como le abrasaba la luz del sol en su rostro, o sentir la fría brisa del amanecer en sus desnudas manos camino al trabajo… esos pequeños detalles que para la mayoría pasaban desapercibidos pero que para el eran motivo de seguir adelante, poco a poco se desvanecían en el recuerdo.

Todo había cambiado, había perdido el motivo por el que luchar, ese mundo mágico y lleno de oportunidades se había desvanecido y ahora vagaba con la mirada un mundo que ya no era el mismo. Sentía que su lugar en él también era otro.

El vehículo automático discurría ahora por las afueras de la ciudad, los barrios viejos como los llamaban, avenidas de anaranjados bloques semiabandonados forrados de plásticos al viento, así era como sus pobres inquilinos protegían lo que en otro tiempo debieron ser acristaladas ventanas de aluminio. El camino al trabajo era desolador para un hombre con moral, a veces era mejor no mirar y dejar que las noticias o cualquier video irrisorio invadiese el cristal del vehículo para no ver nada, para evitar recordar lo que fue el mundo y compararlo con lo que se había convertido.

“Todo tiene un precio, pero hay valores en la vida que a pesar de tenerlo, es mejor no dárselo.”

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Deslizó la palma de su mano sobre el sensor táctil de su asiento y la música se atenuó para poder ser escuchado por Google. Entonces esta era la IA social de la Confederación.

–          Google, muéstrame las noticias más destacadas del día – el vidrio del vehículo se oscureció ligeramente y se desplegaron por el las noticias más destacadas- No, solo las noticias de salud-.

Las noticias sobre salud se desplegaban por la ventana como un río, artículos concretos, enlaces a videos, streaming de casos graves que sucedían en ese preciso instante en algún lugar. Lo que quedaba de la civilización cada día más enferma, los pobres, las clases bajas y todos aquellos grupos que no participaban activamente de la sociedad eran olvidados siempre excepto en temas de salud, porque las enfermedades y las plagas no entienden de dinero y atacan a todos por igual.

–          Señor Lanj, dentro de las noticias de sociedad quizás le interese el debate entre Krasot, el reconocido espiritualista de Zeonen, y el catedrático médico Tok-.

La voz de la IA social había sido especialmente diseñada siguiendo patrones para que el ciudadano no pudiese vislumbrar un hipotético sexo en la máquina. Aunque se daba por sentado que Google era un nombre masculino y por ende debía ser un varón.

–          ¿De qué trata el debate?-.

–          Debaten sobre el origen de las alergias señor Lanj-.

–          Es algo de lo que ya se sabe mucho, te tenía por más inteligente Google-.

Las noticias desaparecieron de la ventana del vehículo y se proyectó la sala del debate, daba la sensación de estar allí mismo donde había tenido lugar.

–          Señor Lanj, debo discrepar con usted, pues dado el alcance social de dicho debate estadísticamente le ha de interesar-.

Por un instante Lanj pasó por alto el hecho de que no le pidió expresamente ver el debate, pero esto fue algo que olvido muy rápido ya que Google solo mostró varios fragmentos del mismo. Los dos tertulianos se presentaban ante una tribuna como si estuviesen siendo juzgados por el pueblo, y nada más lejos de ello eran jueces y acusadores entre sí.

Tok:       – Es bien sabido que las alergias son el resultado de años de exposición a la contaminación genética de los alimentos y de la polución de las ciudades. No creo necesario tener que explicarle de nuevo señor Krasot porque se desarrolla una alergia y porque no tiene nada que ver Dios con ello-.

Krasot: – Por favor, ilústreme – lo miraba con cierto interés y seguridad.

El debate ya estaba en la fase álgida donde ambos contrincantes se acaloraban por mostrar la verdad, su verdad absoluta e incuestionable. Tok era el eminente científico que había patentado incluso algunos medicamentos y hábitos de vida, y Krasot era el visionario, el iluminado del pueblo incapaz de enfrentarse a la enfermedad que asolaba a todos por igual. Las alergias no entienden de clases o grupos sociales, y la mayoría de los seguidores de Zeonen a menudo no les quedaba otra que la fe para enfrentarlas, dado el costo de dichos medicamentos. Ellos denunciaban que esas enfermedades eran un castigo que había conjurado Dios contra la Humanidad por poner en peligro su creación, y que solo superarían la enfermedad si tomaban en hacer el bien y proteger lo que Dios había creado.

Tok:       – Verá, señor Krasot, me voy a reservar lo que pienso a nivel religioso pero lo que usted propone de que las alergias y otras enfermedades son un castigo divino no son más que necedades. Y visto que insiste le voy a explicar porque estamos como estamos, con un 80% de población dependiente a los fármacos y con una planificación anual para poder vivir en ciertas regiones.

                Hace algo más de un siglo nuestros antepasados descubrieron como alterar el ADN y aprendieron a reescribirlo. Quizás aprender a leer no sea la palabra adecuada, porque lo que realmente hicieron fue modificar y ver que salía, modificar y ver que salía, así hasta que dieron con patrones y gracias a modelos informáticos comenzar a prever resultados. Espero que esta explicación no solo le sirva a usted, sino también a todos nuestros holovidentes.

Krasot: – Prosiga por favor-.

Tok:       – Resulta que durante este proceso y estas pruebas y error alguien pensó que si las plantas de cultivo tenían un patrón en su ADN que al traducirse generasen moléculas de pesticidas y venenos concretos, las plantas no necesitarían ser tratadas con pesticidas, ahorrando mucho dinero al agricultor. Porque las plantas ya lo producían en sus células. Lo que no sabían esos necios es que esas plantas se cruzarían por error con otras no transgénicas y transmitirían esos genes generadores de pesticidas, y que estos a la vez eran acumulables en los organismos. De modo que en varias generaciones los frutos de esas plantas eran incomestibles, tóxicos, generando enfermedades-.

Krasot: – ¡La codicia de los ricos! – le interrumpió y el público clamaba – ¡asesinos!-.

Tok:       – Si, fueron unos necios, veo que sabe de qué hablo. Viendo que las plantas eran tóxicas decidieron que las transgénicas fuesen estériles, de modo que aún sacaban más beneficio. El agricultor compraba las semillas obligatoriamente cada año si quería producir, y si alguna de las que compraba era fértil por error, al año siguiente ya era tóxica para el consumo.

                La guerra cayó sobre el mundo y las industrias que producían las semillas fueron destruidas, el hambre y la enfermedad que prosiguió de aquello fueron aún peores que la propia guerra y por eso hoy tenemos el racionamiento básico.

                La gente comía lo que podía, tóxicas o no las comían y estos pesticidas acumulativos pasaban a la población poco a poco generando mutaciones y alergias que perduran hasta nuestros días.

Krasot: – Todo pasa por algo Tok – comenzaba a impacientarse – ¿Qué me dice de las alergias? ¿Por qué la gente comenzó a tener alergias a plantas que no eran tóxicas y no habían sido modificadas genéticamente por esos? ¡Avariciosos!-.

Tok:       – Krasot no lleve el debate a una lucha de clases, no ha venido para debatir sobre esos temas con usted-.

Krasot: – Esta bien, discúlpeme – asintió a la vez que alzaba su mano en señal al cielo.

Tok:       – No fue hasta después de la guerra que se comenzase a usar la energía Microsolar, antes se usaba el petróleo, el carbón y toda esa clase de combustibles fósiles tóxicos, y además se quemaban de forma muy poco eficiente, había partículas de estos combustibles suspendidas en el aire de las ciudades, de los pueblos, incluso en los campos, y lo que es peor, ¡durante años! Estas partículas el sistema inmunológico de nuestro cuerpo las identifica como extrañas, y genera un patrón de defensa, tos y otras cosas ante ellas. El problema está cuando estas partículas de la polución se “mezclan con el polen”, son como partículas pegajosas que se pegan con todo lo que encuentran a su camino, y cuando una de estas partículas pegajosas se pega con cierto tipo de polen natural y es respirado por una persona, el sistema inmune de esta no distingue entre lo que es la partícula toxica en sí, y el polen que se le ha pegado, de forma que llega un momento en el que cuando detecta el polen cree que es el conjunto partícula toxica y se desarrolla una respuesta al polen, ¡una alergia!

                ¡No es ningún castigo divino! Es simple y llanamente un fallo en la capacidad del sistema inmunológico-.

Krasot: – ¿Y se puede saber por qué a día de hoy después de años sin combustibles fósiles y ciudades libres de polución siguen habiendo cada vez más estas alergias? Señor Tok –ironizó y se burló.

Tok:       – Estoy seguro que su madre, la cual no conozco y respeto, “le dio toda la teta que pudo” – el público reía atónito – Verá Krasot, resulta que cuando se desarrolla una respuesta inmune es porque se ha generado un anticuerpo que es capaz de unirse al polen para que el cuerpo humano detecte al contaminante, aunque este sea solo polen, sin partícula toxica adherida como antes les he explicado. Bien.

                Pues está demostrado que cuando las mujeres dan el pecho a sus descendientes esta contiene anticuerpos de la madre, con la inteligente intención de que sus bebés no necesiten desarrollar nuevos anticuerpos ante los contaminantes que el cuerpo de su madre, en vida, ya descubrió. – Krasot se sorprendía.

                – El cuerpo humano es en sí muy inteligente – prosiguió – de este modo los descendientes tienen más posibilidades de sobrevivir. El problema viene cuando esos anticuerpos son el resultado de un error de identificación, y se cree que todo el polen viene con partículas toxica adheridas… es una tragedia, tras la guerra prácticamente todos los supervivientes eran amamantados por razones obvias, dando lugar a que estos anticuerpos pasasen a formar parte de la inmensa mayoría-.

Krasot: – No nos venga a decir que dar el pecho a un hijo es malo, ¿no estará intentando promocionar leche de su farmacéutica? Rica en ¡pecado!-.

El debate comenzaba a estancarse, era como intentar debatir con alguien que aunque escucha, no comprende nada de lo que su oponente explica. Pero antes de que Lanj pidiese a Google que quitase la proyección del debate Krasot pregunto a Tok algo que le llamó profundamente la atención.

 Krasot: – Tok, como antes le he dicho, todo pasa por algo, el azar no existe, ¡ni en mi mundo de Fe, ni en su mundo de ciencia! Quizás usted se contente en sus creencias con ver girar la rueda del coche y decir, “Dios no existe, se mueve porque la hace girar un motor”, pero yo no puedo señor Tok, yo voy más allá y me pregunto ¿quién acciono el motor? ¿Quién diseñó el motor?… y usted me dirá convencido de ello, “El tiempo lo hizo señor Krasot, el tiempo hizo que curiosamente por azar, en el cual no creo como científico, se formasen de la nada las piezas de acero y los cojinetes y se dispusiesen de la forma perfecta para formar un motor complejo capaz de mover una rueda que andaba por allí, también llegada de la nada y creada por azar”. – rio dejando en evidencia al señor Tok ante la incapacidad de responder de este, el cual en ningún momento se había pronunciado como creyente o no-.

– Tengo una pregunta importante que hacerle respecto todo eso que ha comentado, – continuó – ¿me puede explicar por qué la gente es alérgica a ciertos campos electromagnéticos, redes inalámbricas, eh? Si tenemos alergia por los motivos que comenta ¿Cómo explica la hipersensibilidad electromagnética? ¿Cómo explica los alérgicos al Sol? ¿O los alérgicos a las comidas frías o calientes? ¿Cómo explica los casos extremos de alérgicos a sí mismos? ¿Esos también se pegaron a las malditas partículas suspendidas en la polución de hace más de un siglo?

El público gritaba y vitoreaba consignas de Zeonen ante las palabras de Krasot, a veces la impotencia deja a un lado la razón y los tiempos de penuria donde todos sufrían algo de esa enfermedad o conocían a alguien que había muerto por ella, con más razón.

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Se veía que Tok era un hombre que había enfrentado poco la sociedad, era un científico a fin de cuentas, solo podía expresarse con la razón, y con las pruebas delante no es necesario convencer. Pero un pueblo desesperado no busca razones, para ser convencido solo necesita soluciones, y los seguidores de Zeonen se las daban.

Tok:       – Pues… aún hay muchas cosas que investigar- didubitó e intento explicarse ante un público que hacía cada vez más grande a su oponente y al que las cuestiones de Krasot victorioso parecían haber despertado.

Krasot: – ¡Es Dios maldito necio! ¡Es Dios que nos castiga y nos quiere alejar de esas cosas del mal! ¡La manipulación genética es pecado! ¡Su ciencia es el mal!-.

El video del debate finalizó y se hizo más pequeño hasta perderse entre las cientos de mosaicos con información que se proyectaban en la ventana. Lanj se había quedado dubitativo sin reaccionar ante lo que había visto. Más que incomodarse ante lo que parecía una semilla de revuelta social pensaba en las preguntas que había planteado aquel hombrecillos de pintas más que cuestionables. Toda la industria farmacéutica con la que él había trabajado no se había planteado la cuestión desde ese punto de vista. No en si Dios estaba detrás de aquello, eso por razones evidentes para él estaba claro que no, si no en el planteamiento de que esos casos concretos de alergias pudiesen ser la clave para poner en duda todo lo aprendido y consensuado hasta entonces.

El vehículo estaba ya próximo del centro de ensamblaje robótico donde estaba trabajando esos meses. Según la época del año y su historial médico en primavera trabajaba más al norte y en invierno más al sur. Con el tiempo lo que a priori se esperaba que hubiese sido un gran problema se transformó en una grata ventaja, ya que era ubicado cada cierto tiempo en sectores diferentes y esto le permitía conocer lugares y personas de todas las regiones de la Confederación. Bueno, solo aquellas que contasen con centros robóticos, ya que él era Ingeniero en redes neuronales.

Lanj acercó su reloj de identificación al sensor táctil del asiento. Este reloj también servía de enlace con la IA personal de cada ciudadano a la que cada persona daba el nombre que quería, pero que en su caso y en el de su equipo de investigación poseía además un enlace con una IA en estudio basada en neuronas reales interconectadas.

–          Google – dijo mientras el vidrio de la ventana del vehículo se volvía nuevamente translucido y dejaba ver el edificio al que se dirigía desde un principio – parece que te había subestimado. Pasa el debate a mi asistente personal Apé y envíalo también a la IA experimental Darwin, a ver que es capaz de hacer-.

Solo fue necesario un segundo para pasar todos los contenidos digitales y un destello verde iluminó el reloj.

–          Transferencia completada, que tenga un grato día señor Lanj-.

La puerta que daba a la plaza frente al edificio se levantó y el asiento donde estaba se volvió hacia el exterior. “Bonito edificio”, pensó mientras bajaba y sentía el aire limpio del lugar.

Cruzo la plaza sorteando y observando a la gente que iba de un lugar hasta llegar a la puerta principal del edificio y una vez cruzó el umbral de la entrada los cristales de sus gafas comenzaron a centellear de forma muy suave.

“Se espera su presencia en la planta 23, pasillo B, puerta 16. Si quiere ser guiado rote la muñeca hacia la derecha… siga la flecha azul en la parte superior derecha de su campo de visión”.

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