Ni clase bissnes

Entro como el rey, soy el rey. ¿Te canto una canción?

“Te coge por el cuello, te aprieta y te ahoga, se gasta tu dinero, y además no está de moda”.

fondoSubo las escaleras hasta donde me espera el portero, es un hombre corpulento y por su expresión no parece que le paguen para hacer amigos o ligarse a la tonta del baile. Aún quedan unos pocos delante de mí, a unos los deja pasar, a otros los mira con desprecio o sin interés y los manda escaleras abajo, “esta no es vuestra noche chicos, no estáis a la altura de esta discoteca”. Vale, ahora me toca a mí, me mira, mira mi ropa, mi reloj, me mira a la cara y me quito las gafas, si, es de noche pero yo llevo unas oscuras gafas de sol, no me hace falta ver lo que me rodea para saber que es una mierda, sonríe y me deja pasar.

Soy el rey.

Paso dentro y hay una cabina, es la chica de las entradas, es morena y dulce, no necesito saber más de ella, pago mi entrada y me da mi consumición. Si, 8 pavos bien se merecen un trago por parte de la casa, pero ella y yo sabemos que el ron es barato, nadie se hace rico vendiendo calidad y menos en una discoteca donde el adormecido paladar del rebaño ya ha sido gastado por el botellón previo. Hay lugares hechos para disfrutar de los sabores, y este como otros son la pista de vuelo de buitres como yo, aquí nadie va hablar de lo bien que sabe el ron, si no de cuanto le coloca para con suerte mañana no saber siquiera a que sabían los labios del fulano o la fulana de la noche.

Paso dentro y pido mi consumición, “algo fuerte chico, esta noche quiero olvidar”, seguramente no sea mi última copa, pero es muy posible que tampoco sea la primera de la noche, no lo sé, da igual, la gente se agolpa a mi alrededor y parece divertirse, la música es una especie de tamboreo tribal carente de sentido donde el único objetivo es entrar en trance, y así hago yo, dejo que la música penetre en mi cabeza hasta perder la noción del tiempo, me muevo y bebo como los demás, tener ese tubo de alcohol en mi poder parece que me da fuerza para seguir, Redbull con algo más, no sé qué hora es.

El aire está viciado de humo y las luces giran y parpadean por todas partes, solo se me ocurre reírme y mi tubo cae al suelo. Ese cristal toca el suelo y estalla en mil pedazos, aunque soy incapaz de oírlo mi mente lo simula muy bien. Miro a mi alrededor, la gente bebe y se mueve intentando inútilmente imitar a esos seres inhumanos de los videclips de moda, el alcohol riega sus mentes enfermas y vacías como la mía permitiéndoles creerse por un momento el centro de atención de alguna chica o según el grado de ebriedad, el centro de la discoteca, pero el rey soy yo, esta es mi noche, la mejor.

La música algo distinta sigue el mismo patrón tribal y electrónico. Es la confluencia perfecta del medio para entrar en un trance mortal. Las chicas mueven su cuerpo y me miran insinuando, alguna espera algo de mí, igual me conoce de oídas o de otra noche. Solo quieren volar, buscan a quien dirigir y cambiar la vida a mejor, sin duda es el mejor lugar donde encontrar alguien para reformar, pero eso no va conmigo, ni siquiera tengo tabaco, dicen que da cáncer, pero el aire que se respira en este lugar es tóxico, así que saco mi pase al cielo.

Es la última atracción, ella baila conmigo y acerca su mejilla a mi cuello sin besarlo, no es el lugar apropiado, no es la mujer de mi vida, “oh chica no me mires así, este billete al cielo vale solo por un pasajero”, y se aleja de mí.

Paso mi mano humedecida de alcohol por el bolsillo y saco mi pase, todos quieren volar, todos beben por hablar con los demás o porque no tienen nada realmente interesante que contarse, quizás lo hacen para hablar y evitar la vergüenza de decir que se sienten solos e incomprendidos, todos quieren ser la chica o el chico del anuncio, todos quieren ser guapos perfectos, bailar mejor y más rápido, pero nadie puede, ¿sabes? Yo lo sé, y da igual, porque llega un día en que todo es tan gris y carente de cordura que volar sin alas tampoco lo ves tan mal. Abro la bolsita con los dientes y sorbo mi libertad.

Las luces se apagan, todo es perfecto.

Y llega la mañana.

La luz del amanecer quema mis ojos, es tan desagradable, de joven soñaba al ver esa luz que cada punto del cielo en la noche era otro sol, y que cada sol tendría un mundo, y que en alguno de esos mundos habría otro como yo, y una cosa llevo a la otra y bah… yo no hacía caso a nadie, yo era el rey.

No veo bien de un ojo y me duele todo el cuerpo, no tengo mi reloj ni mis gafas, creo que me han vuelto a robar. Cada día necesito más dinero chico, así es la vida, un día estas arriba y otro pasa la moda y ya no eres nadie. Este callejón es muy gris, tengo un pie que apenas puedo mover en un charco sucio con ese polvo que emiten los coches al pasar, el callejón da a una calle principal, la gente pasa, gente normal, no esa gente que veo en mis sueños de discoteca, gente con hijos y bolsas de la compra… echo de menos mi vida, el problema de volar es que nunca se sabe dónde se va a aterrizar y en mi pase al cielo ponía heroína.

En esta compañía no hay atención al cliente ¿sabes? ni clase bissnes*, porque con la vida de uno nadie negocia, solo se extorsiona.

“Te coge por el cuello, te aprieta y te ahoga, se gasta tu dinero, y además no está de moda”.

1291902289la-droga-y-la-muerte-van-de-la-mano

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