20151203 Ella

Ella.

Ella llegó a la vida de él prácticamente sin que éste se percatase, pues siempre había estado junto a él. Él vivía encerrado en su mundo de deseos y así se mantenía ermitaño de la realidad, del esfuerzo necesario para lograr siquiera alguno de aquellos sueños, y aunque estaban a su alcance, le resultaba mucho más fácil lograrlos con su desbordante imaginación que con sus manos.

Los sueños que cruzaban y hacían eco en su mente eran sin duda mágicos, y aun así una tarde de abril, ella los desnudó. Ya no eran tan mágicos, no eran suficiente. Aquella mujer, aquella mirada tan inteligente no podía ser más que otra cosa que la materialización de tanta fantasía.

Sutil y fugaz como un haz de luz en el vacío, los sueños se desvanecieron y solo quedó ella frente a él. La miró con ternura y se sintió despojado de todo lo que le hacía fuerte, ya no era su único juez, era parte de otra cosa, de algo diferente.

Ella siempre había vivido en la cabeza de él, y ella siempre lo había tenido todo, todo cuanto él era capaz de imaginar. Pero entonces ella dejó de estar en su mente para materializarse a su lado, compartiendo la misma mirada, el mismo pensamiento. Entonces ya no podía hacerla feliz solo imaginándola. La intentaba ver de nuevo en su mente viajando a lugares mágicos y disfrutando del cariño que solo él podía darle, pero desde que ella se materializó, todo estaba allí, en su cabeza, todo excepto ella.

Ya no podía hacerla feliz, no bastaba con soñarla, solo quedaba usar sus manos. Si quería verla viajar de nuevo solo quedaba enfrentar la realidad de la que tan distante se había mantenido.

Cuando el destino es compartido, una sensación de fragilidad recorre toda la mente, todos los sueños. La fantasía exige ser moldeada con aquellas manos que habían esperado su oportunidad, su momento de hacerla feliz.

mujer-hada

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